Cada vez son más frecuentes los ataques de nostalgia. Nostalgia que me llena de angustia y me deja sin apenas poder respirar por unos segundos hasta que el aire vuelve a entrar y salir bruscamente, como si aún no fuera el momento de dejar de funcionar. No sé porqué. En realidad creo que sí se porqué. Siempre lo he sabido.
Según mi idea de nostalgia, se deben cumplir, al menos, dos condiciones para poder estar seguro de que es nostalgia lo que sientes y no cualquier otra cosa: en primer lugar, la nostalgia es algo así como la añoranza de un pasado mejor. Esta es la primera condición: el pasado era mejor, sea cual fuera aquel pasado. Un pasado mejor implica un presente peor que aquel pasado y la intuición de un futuro también peor, o al menos un futuro (y presente) que no es el que quieres/deseas/esperabas. Un presente peor implica un presente que no te satisface o no imaginabas cuando, de niño, fantaseabas con llegar a ser todo aquello que quisieras. Un presente peor también puede significar que nada ha cambiado y sigues manteniendo todo aquello que, de alguna forma u otra, te disgustaba en aquel pasado, más o menos, lejano. Por lo tanto sólo es posible sentir nostalgia por el pasado, por lo perdido o por lo no ganado.
La segunda condición para poder hablar de nostalgia es la de no poder cambiar esto que te genera nostalgia: el presente es peor que el pasado y por eso añoras el pasado y, además, nada hay que puedas hacer para volver a aquel pasado (obvio) y tampoco hay nada que hacer para convertir este presente en lo que te gustaría que fuera. ¿Nada? nada. Porque un presente que se puede convertir en el futuro que deseas no dejaría lugar a esa angustia en forma de nostalgia que viene a recordarte que, antes o después, esto se acabará y ni siquiera se parece a lo que soñaste alguna vez. La nostalgia aparece para recordarte que no estás donde quieres y, lo que es peor, nunca lo estarás. Y no lo estarás porque ya no se puede. Y sino se puede no es cuestión de querer o no querer. Ahora cambiar implicaría ir aún a peor y sentir nostalgia de la nostalgia que sentías. y ¿Entonces?. Entonces nada. La nada más absoluta detrás de la careta que cada lunes te pones para no mostrar la desesperanza y desilusión que están dejando señalada tu expresión y tu manera de moverte.
Y no es que tuvieras sueños locos, imposibles o inverosímiles. Es que nunca tuviste siquiera la osadía de soñar con que la realidad fuera obra tuya. Colocas la felicidad en otros lugares cuando el problema no es el lugar sino lo que haces en cada lugar. Y así la nostalgia mezcla el pasado que fue con el futuro que no será porque crees que no puede ser, porque no puede ser. Ya no puede ser, y no será, porque para que fuera tendrías que dejar ser.
Y porque todo pasa. Y la nostalgia se va (por unos días al menos) y vuelves a respirar con normalidad mientras agradeces a la vida lo que eres, lo que te rodea, las personas que te rodean. Porque el pasado y el futuro no se puede cambiar: uno porque ya no existe y el otro porque tampoco existe. Pero el presente sí.
Según mi idea de nostalgia, se deben cumplir, al menos, dos condiciones para poder estar seguro de que es nostalgia lo que sientes y no cualquier otra cosa: en primer lugar, la nostalgia es algo así como la añoranza de un pasado mejor. Esta es la primera condición: el pasado era mejor, sea cual fuera aquel pasado. Un pasado mejor implica un presente peor que aquel pasado y la intuición de un futuro también peor, o al menos un futuro (y presente) que no es el que quieres/deseas/esperabas. Un presente peor implica un presente que no te satisface o no imaginabas cuando, de niño, fantaseabas con llegar a ser todo aquello que quisieras. Un presente peor también puede significar que nada ha cambiado y sigues manteniendo todo aquello que, de alguna forma u otra, te disgustaba en aquel pasado, más o menos, lejano. Por lo tanto sólo es posible sentir nostalgia por el pasado, por lo perdido o por lo no ganado.
La segunda condición para poder hablar de nostalgia es la de no poder cambiar esto que te genera nostalgia: el presente es peor que el pasado y por eso añoras el pasado y, además, nada hay que puedas hacer para volver a aquel pasado (obvio) y tampoco hay nada que hacer para convertir este presente en lo que te gustaría que fuera. ¿Nada? nada. Porque un presente que se puede convertir en el futuro que deseas no dejaría lugar a esa angustia en forma de nostalgia que viene a recordarte que, antes o después, esto se acabará y ni siquiera se parece a lo que soñaste alguna vez. La nostalgia aparece para recordarte que no estás donde quieres y, lo que es peor, nunca lo estarás. Y no lo estarás porque ya no se puede. Y sino se puede no es cuestión de querer o no querer. Ahora cambiar implicaría ir aún a peor y sentir nostalgia de la nostalgia que sentías. y ¿Entonces?. Entonces nada. La nada más absoluta detrás de la careta que cada lunes te pones para no mostrar la desesperanza y desilusión que están dejando señalada tu expresión y tu manera de moverte.
Y no es que tuvieras sueños locos, imposibles o inverosímiles. Es que nunca tuviste siquiera la osadía de soñar con que la realidad fuera obra tuya. Colocas la felicidad en otros lugares cuando el problema no es el lugar sino lo que haces en cada lugar. Y así la nostalgia mezcla el pasado que fue con el futuro que no será porque crees que no puede ser, porque no puede ser. Ya no puede ser, y no será, porque para que fuera tendrías que dejar ser.
Y porque todo pasa. Y la nostalgia se va (por unos días al menos) y vuelves a respirar con normalidad mientras agradeces a la vida lo que eres, lo que te rodea, las personas que te rodean. Porque el pasado y el futuro no se puede cambiar: uno porque ya no existe y el otro porque tampoco existe. Pero el presente sí.
Comentarios
Publicar un comentario